martes, 6 de octubre de 2009

Una historia sangrienta.


El sorteo no había sido complicado. Lo habían hecho a la antigua usanza. Tomaron una botella de alguna bebida y la hicieron girar esperando que apuntara a aquel que tendría la responsabilidad de dar muerte a las dos gallinas que cacareaban porfiadas en el patio.

-Al que apunte con esto- dijo Truxy señalando el pico de la botella - será el que deba ejecutar a las gallinas.
-¿Hacia donde debe apuntar exactamente?- preguntó Agarixter; él sabía que por lo general estos sorteos terminaban en discusiones como: “no me apuntaba a mi, apuntaba mi pierna” o “lo hiciste a propósito; por eso lo hiciste girar despacio.” Por eso deseaba evitar la mayor cantidad posible de malos entendidos.
-Hacia donde sea -dijo Lixibeth -dejemos de discutir, ¡Tengo hambre!
-OK, OK,- interrumpió Yaxo, -dame acá esa botella- y mientras hablaba le arrebató la botella de las manos a Truxy.
-Hagamos un círculo por favor- Moxy intervenía intentando poner orden para que iniciara el sorteo pero aún protestando, _Aunque insisto en que debería ser Calixter quien las mate. Él es el único responsable de traer gallinas invitadas a cenar ¡y vivas!-
Calixter la miro con enojo y comentó:
-Dentro de un rato, deberás tragarte tus palabras junto con el pollo; espero que no te atragantes.
-Dudo que sea dentro de un rato- dijo Onix quien había optado por quedarse al margen de la discusión -en todo caso será dentro de un par de días si no es que hemos muerto todos de hambre. Porque esas gallinas se ven viejas y duras- sentenció cargando su voz de resentimiento y hambre.
-¡Ya! ¡Cállense todos! Voy a echar a girar ésto- y mientras hablaba Yaxo hizo girar la botella en un rápido movimiento de muñeca.
La botella giró, al principio con ímpetu y haciendo un ruido repetitivo provocado por el vidrio al frotarse contra el cemento, poco a poco la botella fue perdiendo velocidad y los muchachos se sentían más y más nerviosos. Por un momento Moxy pensó que sería la escogida para aquella labor, pero la botella tenía un poco más de fuerza, Agarixter, Lixibeth, Calixter, Yaxo y Onix respiraron aliviados cuando la botella señaló sin duda alguna a Truxy como la responsable de dar muerte a las dos inocentes gallinas que comían minúsculos bichos sin sospechar que eran la cena de seis chicos hambrientos.

Truxy se puso de pie casi como zombi. Sabía que le había correspondido acabar con los animalitos y que no podía librarse ahora. Era matar o ser muerta. Agarixter le extendió el cuchillo mientras le daba instrucciones. _Debes dar un corte rápido en el cuello, es la mejor forma- Ella asintió como autómata y se dirigió hacia las gallinas que rascaban parsimoniosamente el suelo. Le pareció escuchar que las gallinas dejaron de decir: CLO-CLO-CLO-CLO y empezaron a repetir una y otra vez: A-SE-SE-SI-SI-NA. Sus piernas pasaron de carne y hueso a concreto y hormigón. Su lengua percibía un sabor nauseabundo y el cuchillo que le extendió Agarixter parecía pesar más de mil toneladas.

Se acercó hasta la primera gallina, la tomó por una pata, el bípedo empezó a aletear desesperado por desprenderse de las manos que lo capturaban. Truxy la levantó en el aire sin pensarlo y en medio del aleteo y el movimiento movió le cuchillo de manera rápida. Por unos microsegundos pensó que había dado muerte al animal pero hubo dos cosas que le hicieron percatarse de su error. En primer lugar la gallina no dejaba de aletear con fuerza y seguía cacareando pidiendo misericordia. Y por otro lado, lo que más le convenció de su error, fue un dolor agudo en la mano izquierda con la cual sostenía la gallina. Soltó la gallina y agarró su mano mientras veía el liquido carmesí salir a borbotones por la mano.
-Truxy!- gritó Lixibeth mientras se acercaba a ella.
-¿Estas bien?- preguntó Calixter que empezaba a sentirse culpable por no haber traído un poco de yuca o naranjas.
-Estoy bien, pero me duele un poco- dijo Truxy sin soltar la mano herida y mostrándose pálida.
-Es increíble lo que hace alguien por no cumplir- exclamo Agarixter medio en broma, medio en serio y sin decir más tomó las dos gallinas y se fue a la parte de atrás de la casa.
Truxy se sentó en un banco, el borboteo inicial había disminuido y la sangre empezaba a coagularse. Si hubieran sido otras las circunstancias quizás la hubieran llevado al hospital para que le suturaran la mano, pero después de la guerra, y la situación en la que se encontraban tendrían que ver como curaban la mano.
-Abre la mano- dijo Onix quien sostenía un frasco de Alcohol.
Truxy obedeció y entonces sucedió, al abrir su mano unas gotas de sangre se desprendieron y fueron a caer justo sobre la carta.
-¡Cuidado!- gritó Yaxo quien levantó la carta pero fue Moxy quien se percató de que la carta no se había manchado por la sangre; al contrario el papel amarillo por la antigüedad empezaba a cambiar de color y se tornaba en un color más claro.
-¡Mira el papel!- dijo Moxy sorprendida.
-¡Mira las letras!- gritó Truxy
Y entonces todos pudieron ver cómo las letras empezaban a cambiar de aquellos símbolos extraños a letras en español clara y fluidas. Entonces todos olvidaron el hambre, el dolor y se quedaron boquiabiertos ante la carta que empezaba a rebelarse frente a ellos.

Misiones
Memoriza 1 Corintios 3:18 Dicelo a la señorita escarlata
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